no tengo fuerzas para rendirme.

 

Es difícil explicar que sentía en ese momento de la foto. Se puede equiparar a como me sentí después de terminar cada ultra aunque esta vez no era por mí, era quizás otro tipo de felicidad, mucho más profunda.  Era ese tipo de felicidad que sientes cuando ves que la gente que te importa consigue sus metas.  Que todo lo que ha luchado ha merecido la pena y que ha conseguido derribar los muros que tenía.  Ese tipo de felicidad que sientes cuando te dan una lección de vida más, cuando te enseñan que si se quiere se puede y que con trabajo todo se consigue.

 

 

no tengo fuerzas para rendirme.

 

 

Siempre he tenido la sensación de que mis hermanas son el claro ejemplo de la constancia, me lo han demostrado siempre. Machacándose en los estudios y no rindiéndose nunca hasta que conseguían algo. Supongo que todo eso lo he vivido desde pequeño y de ahí mi forma de ser. Sólo he podido aprender cosas buenas de ellas y éste fin de semana le ha tocado a Gema demostrarme otra vez que no hay cosas imposibles, que no hay excusas y que la vida es tan bonita como tú quieras hacerla.

Aún me acuerdo la primera carrera que hice con ella. Fue un San Antonio y yo era un niñatillo. Recuerdo lo mala que se puso la noche anterior por los nervios. Y recuerdo el momento de salir en el que estaba pálida.  Se le hizo eterna la carrera, era normal después de una noche entera con un cólico. Pero lo hizo y  no lo hizo de cualquier manera, terminó tercera de su categoría. Fue la primera vez que mi hermana me demostró que por muchas hostias que te des por el camino siempre hay una razón para seguir adelante. Aún tengo la foto de ese día en un panel de mi antiguo cuarto y el recuerdo… el recuerdo es imposible que se  borre.

Creo que verme a mí haciendo carreras y retos últimamente ha sido el empujón que necesitaba para derribar ese muro de miedo que le tenía a las competiciones. Y si es así no os imagináis como me alegro porque para mí ya habrá merecido la pena cada km hecho durante todo este tiempo.

 

2 LOGOS

 

 

Y como podéis ver en la foto lo consiguió y me alegra ver que es una llorona, como su hermano. Pero la entiendo, entiendo esas lágrimas que son tan difíciles de explicar para una persona que no corre. Entiendo esa ilusión camuflada en lágrimas porque la he vivido. Ese instante es difícil de describir.

Muchos se preguntan el tiempo que hizo, para mí, el tiempo que importa son esos años que tiró abajo este domingo. Esos años de miedos y de ver desde la barrera algo que te gustaría hacer. Ese es el verdadero tiempo que importa, el que has vencido, más allá de marcas y de egos.  El tiempo que importa es el que marcaba en tu reloj el preciso instante en el que decidiste apuntarte a esa carrera y vencer viejos temores, ese preciso instante te hiciste grande.

Te quiero con locura. Gracias por demostrarme otra vez que:

“Los límites, como los miedosfrecuentemente….son SÓLO una ilusión”