Bandolerita o cuando abandonar a tiempo.

Podríamos estar hablando mucho rato sobre las razones que nos llevaron a abandonar pero se podrían resumir en que el clima y la montaña mandan. No hay  más.

Comenzamos hace muchos meses la preparación de esta prueba con una idea de cómo iba a transcurrir todo pero a un mes vista de la prueba mi hermana me comentó que iba a hacerla finalmente sola y que si quería acompañarla durante el recorrido. Rápidamente dejamos de lado los entrenos individuales y empezamos a pensar en una carrera conjunta. A planificar todo para que la única finalidad fuera que ella cruzase la meta de su primer Ultra Trail de montaña. ¡Y qué ultra! ¡Por la puerta grande!

    

 

Llegamos el viernes a Prado del Rey para ver la salida de la carrera larga y así animar a los compañeros del club que tuvieron el coraje de tomar la salida bajo una lluvia intensa y mucho frío. Fue una sensación dura saber que en unas horas iba a tomar la salida junto a mi hermana bajo esas circunstancias. Era su primer Ultra trail de más de 50 km y  con ese clima estaba claro que no iba a ser fácil. Aún así sorprendentemente no vi ningún gesto por su parte de miedo, al revés, su expresión era más la de impaciencia por empezar una prueba que tenía tintes épicos.

 

La noche del viernes no fue diferente al final de la tarde. Pasamos el final de la tarde-noche en el hotel preparando la mochila mientras escuchábamos caer la incesante lluvia por la ventana. De vez en cuando nos mirábamos e intentábamos restarle importancia al tema con alguna frase como: “Está el día para llover” o “se está poniendo regular la cosa”.  Los nervios de la prueba, el viento y la lluvia sonando en la ventana nos hicieron pasar una noche de sueño intermitente.

El día.

Ya el sábado por la mañana nos despertamos con los mensajes de los muchos abandonos en la carrera larga.  ¿Si ellos que están curtidos en ultras se retiran por el mal tiempo, qué debería hacer ante esta situación con mi hermana? Ya sentía la presión y no era una sensación precisamente buena… Nos despertamos a eso de las 8, y desayunamos en el hotel acompañados de otros corredores con los que comentábamos cómo pensábamos que iba a transcurrir la mañana.

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A eso de las 10.00 estábamos cerca de la salida viendo como el tiempo no daba tregua. Estábamos en la carpa que puso la organización sopesando la situación pensando incluso que la organización no nos dejaría salir. Justo ahí fue cuando por primera vez le planteé a mi hermana la posibilidad de no finalizar la carrera: “Gema, vamos a ver como está la cosa. Vamos a salir y si vemos que la cosa es inviable paramos”. La respuesta me sorprendió, esperaba una Gema nerviosa y temerosa y me encontré otra cosa completamente diferente: “Nene, vamos a salir, ya que estamos aquí vamos a intentarlo hasta que no se pueda. Si nos tenemos que parar, nos paramos. Pero vamos a salir”.

Es duro tener que plantearle a una persona que abandone una carrera y para mi fue más sabiendo todo lo que ha sacrificado mi hermana para esta prueba. La cantidad de entrenamientos que le puse, las series, las cuestas, la fuerza en el gimnasio, las noches durmiendo poco, el sacrificio y las horas fuera de casa… todo eso no hacía más que pasar por mi cabeza cada vez que pensaba en no finalizar la prueba.

Tomamos la salida a las 11 bajo una lluvia intensa y mucho frío. Recuerdo la imagen de la cara de mi hermana, la tensión y la impaciencia se mezclaban con una sonrisa nerviosa justo antes del cañonazo de salida. Todo transcurrió con tranquilidad y sobre lo planeado. Ritmo suave y machacón. No teníamos prisa por llegar, solo queríamos entrar por la meta. El reloj era lo menos importante siempre que siguiéramos adelante.

La lluvia planteó una carrera dura, llena de barro y zonas resbaladizas. Seguimos con buen paso y cruzamos el primer pueblo como si nada. Por cierto, un primer control con caramelos y chocolate, nada más. Lo que necesita una persona como mi hermana con azúcar. Lamentable.

Nos encontramos las primeras subidas llenas de barro y con un: “Gema, clava fuerte bastones y tira”. Seguimos durante unas horas encontrando mucho barro y mucha agua. El clima fue poniéndose cada vez peor, la niebla empezó a aparecer y todo se ponía más dificil por instantes. Yo no hacía más que pensar en la noche. Una noche con esa climatología para una persona que no está acostumbrada a llegar con tantos kms en las piernas como mi hermana podría ser muy duro. Quizás demasiado. Con ese run run llegamos El Bosque. Justo ahí empezó el terreno a ponerse peor. Comenzaba lo que en un Trail en condiciones normales hubiera sido precioso y lo que en esa situación era una pista de patinaje. Subidas y bajadas normales parecían una locura en esas circunstancias. Caídas y golpes de las personas que iban alrededor se mezclaban con las risas de unos y otros al verse cubiertos de barro por todos lados. Hicimos la ascensión sobre el km 20 entre risas pensando que si esta zona estaba así, no queríamos imaginar cómo estaría la bajada a Villaluenga.

 

El abandono.

Justo antes de salir Rafa, compañero del Sierra bermeja Trail, me envió un mensaje y me explicó cómo estaba el recorrido. “Mucho cuidado con la bajada a llanos, es un barrizal”. Y justo ahí nos encontramos con María, que nos acompañó en lo que nos quedaba de recorrido. No tuve dudas al verla, “esta sin duda es la cuesta que decía Rafa”. Una cuesta picada, llena de marcas de patinazos. Recuerdo decirle a mi hermana entre risas: “Gema, déjame que me ponga delante y así si te caes me arroyas y bajamos los dos“.  En ese momento, sin querer hablarle de abandonar, le comenté a mi hermana que en el siguiente control replantearíamos la situación, a ver que tal estábamos. Entre bromas conseguimos bajar la cuesta no sin esfuerzo y alguna que otra caída.  Y justo al llegar a la zona más plana después de las cuestas fue ella la que me dijo: “Jose, en el siguiente control nos quedamos. No voy segura“. No os voy a engañar, sentí una sensación de alivio. Tenía mucha presión porque todo le saliera bien a mi hermana y solo el hecho de pensar que algo le pudiera pasar en una caída me hacía sentirme fatal. Solo tenía en cabeza la noche con esas circunstancias y lo peligroso que podía llegar a ser. Continuamos el camino comentándole a María nuestra decisión de abandonar, no lo dudó ni un instante, ella tampoco estaba segura y había decidido quedarse con nosotros en el siguiente control.

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Aún habiendo tomado la decisión la carrera no había acabado para nosotros. Llegamos a un 2 punto de control (con TURRÓN DE CHOCOLATE y agua. Lamentable el tema de la comida. En serio, lamentable.) Nos comentaron que nos quedaban unos kilómetros para el siguiente punto y justo tocaba una bajada técnica y la cuesta de ascensión a Llanos.  Creedme, un día de barro seguir la marca de otros corredores no es lo más indicado. Hicimos la cuesta haciendo lo que la gente del club llama: “Un por aquí mismo”. El método era sencillo: “Cuanto más alta es la planta, mejor agarran los tacos de la zapatilla. Pisa donde puedas y cómo puedas”.  Este último tramo de carrera ya íbamos con otros ánimos. Sabíamos que eran los últimos kms y parecía como si caerse ya no doliera tanto. No teníamos que pensar en que quedaban casi 60 kms de carrera. Ya solo tocaba disfrutar y reírnos y pensar que otro año lo conseguiríamos.

La cuesta fue de risa, no hacíamos más que caernos y llenarnos de barro. Casi a la mitad de la cuesta escuchamos a alguien arriba en la cuesta pegando voces: “¡Vamos que ya no queda nada! ¡Por 50€ os llevo al pueblo en coche!” Era el novio de María, que se había pasado la mañana llevando a gente al pueblo en su coche cuando abandonaban en el punto de control. Llegamos  a la parte alta del cortafuegos y continuamos hasta el control entre charlas. Nos comentaba que había salido en la carrera larga y que después de una caída había abandonado. No me quiero ni imaginar lo que tuvo que ser esa noche. La cantidad de abandonos fue bestial y pasar una noche bajo esas circunstancias tuvo que ser doloroso.

Llegamos al 3º punto de control. Una casa en una explanada que estaba llena de gente. Entramos riéndonos y con las bromas dijimos “Hasta aquí señores, me voy para mi casa”. ¿Qué decir de los voluntarios de la prueba? Que tienen el cielo ganado. Aguantar en los puntos de control con ese clima y los ánimos y la fuerza que daban durante el recorrido fue increíble.  Estuvimos hablando un rato con ellos y entregamos los dorsales. Ya no había vuelta atrás y por fin se había acabado la aventura. Ya no había más agua, ni granizo, ni más charcos. ¡No más barro!

Es duro tomar la decisión de retirarte en una carrera pero hay que tener cabeza. Esto es una afición, no vivimos de esto. Lo realmente importante es llegar a casa y llegar enteros. Y sé que muchas veces es difícil diferenciar entre “hay que pasar por esto” y “esto ya se nos va de las manos” pero muchas, muchas veces nos vemos en esta tesitura y nos cuesta mucho tomar una decisión. Nosotros creo firmemente que tomamos la decisión correcta.  Fue un día duro y  me quedo con la enorme la valentía de mi hermana Gema que ha dijo de salir a probar cuando no estaba el día ni para tomar la salida. Me quedo con la cabeza y la serenidad que tuvo para anteponer la seguridad y  decidir parar y firmemente creo que fue lo mejor. Un mal día en el campo puede dejarte marcado y un primer ultra trail tiene que ser duro pero no dejar secuelas.

La conclusión.

Hoy, unos días después, creo que la mejor manera de resumir el final de la carrera fue mi post en instagram:

No ha podido ser. El tiempo y la montaña mandan y nosotros solo podemos escuchar. Hay que saber seguir y hay que saber parar y hoy era un día para lo segundo. 

El tiempo ha sido el factor determinante. Un ultra es muy duro y más aún cuando sales y está diluviando. Aún así hemos tomado la salida y después de 28 kms de agua y barro hemos decidido parar. Estábamos bien de piernas pero hay que tener cabeza y ver que son muchos kms de noche con una climatología de las peores que he tenido en carrera.
Hoy tocaba parar, pero estamos felices. Gran experiencia con mi hermana Gema que ha entrado en los ultras por la puerta grande.
A recuperar.

 

Creo que es un gran resumen. Me quedo con la enorme experiencia de vivir una carrera con mi hermana y con la gente que he conocido. Enorme Curro, eres grande. Escudero, aquí tienes un amigo más. Gracias a los tres por todo.

Ya tendremos miles de carreras para sufrir juntos. Hoy toca quedarse con lo mejor y pensar en la siguiente.

Gracias hermana por la experiencia.

Te quiero.

P.D.: Bandolerita/UTSB la cosa no se termina aquí. Nos vemos pronto.