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Crónica USN65KM.

Y  por fin me siento aquí a contar cómo lo he vivido. Después de tantos entrenamientos, tantas noches durmiendo 5 horas por el trabajo y saliendo a correr cuando aún ni han salido los camiones de la basura. Corriendo cuando  tu frontal y tu luz trasera son casi tus únicos compañeros durante tu carrera.

Hoy por fin, aquí estoy, con una  medalla que dice que he terminado, que lo he conseguido, que todo eso por lo que he luchado tanto ya es mío. Con la sensación de haber hecho algo grande y con la ilusión de un niño pequeño pero con un sabor de boca amargo.  Tengo que ser realista, es mi primer ultra de larga distancia en montaña y lo he vivido con la ilusión de un niño chico pero ciertamente pienso que no estaba del todo preparado para hacerlo. Han sido 72 km demoledores, uno detrás del otro, en el que he pasado de sonreír a llorar. En los que he vivido en una pequeña montaña de emociones, casi tan emocionante como el recorrido que planteó la organización que fue muy duro y técnico. ¿Pero eso es la vida no? Subidas y bajadas.

En un ultra se viven etapas muy diferentes, yo tardé  13 horas y algo en hacer el recorrido completo pero hay tramos que recuerdo con una sonrisa en la cara. Las bajadas nocturnas tan técnicas donde iba adelantando gente a la que le daba miedo ir más rápido. Aquel  tramo en el que coincidí con un hombre que sin un brazo escalaba los laterales de la montaña mejor que yo con dos manos. Las charlas con Mat en las que me mostró su visión del minimalismo y su pasión por la montaña.  Poder conocer a Juanjo que fue mi ángel de la guarda durante la carrera y que no me abandonó bajo ningún pretexto. Todos esos tramos en soledad cuando haces de tripas corazón rezando por no perderte en el recorrido por no conocer bien la zona. Las preciosas vistas que te brindaba el recorrido, aún recuerdo aquella inyección de energía que me dio el amanecer a las 7.45 cuando me pilló en lo alto de una montaña, fue inevitable pararme a hacer un vídeo. Son muchos los recuerdos bonitos que me llevo de la prueba pero sobre todo me llevo una lección muy bien aprendida:

“Nunca se puede subestimar a la montaña porque aunque parezca callada cuando habla te enseña todo lo que tiene guardado”

Honestamente pienso que aún habiéndola terminado en un tiempo muy decente y habiendo terminado el  41 en la clasificación no estaba del todo preparado para este tipo de carrera. Es normal, era mi primera toma de contacto en el trail de montaña y lo máximo que había corrido habían sido 6 horas en dunas de playa en el 7 playas de Cádiz. Pero como no, mi forma de ser y de ver las cosas me hace intentar las cosas a lo grande.

Puede parecer raro, pero me encontré mejor de lo que me esperaba y me sorprendió gratamente poder correr a un ritmo decente hasta casi las 10 horas de carrera, hasta que empecé a notar un dolor en la parte posterior de la rodilla que no hizo más que aumentar. Un dolor tan grande que me hizo pensar en retirarme más de una vez. Mentiría si dijera que no lo pensé más de una vez y que no se me venía a la cabeza toda la filosofía de Owner y la famosa frase “No tengo fuerzas para rendirme” que tanto hincapié hice para que formase parte del proyecto.

Ni geles, ni azúcar, ni sales, ni reflex, ni incluso galletas maría que puso la organización (que no sé muy bien que pintaban ahí después de estar trepando con las manos) nada de eso hizo que disminuyera el dolor o la sensación de aturdimiento que tenía en el cuerpo durante los últimos 15 km.  Sólo lo consiguió una cosa, en el km  62 después de llevar notando varios km que mi teléfono vibraba en la maleta me dio por ojear que pasaba. Era mi familia, inundando con whatsapps de audio mi móvil dándome ánimos para continuar.  Sólo eso consiguió sacarme de ese estado de semi-letargo y me hizo volver a poder correr.  Hoy puedo decir que gracias a esos audios de mis sobrinos y mi familia lo terminé.

Recuerdo un momento con especial emotividad, fue el punto desde el que vi Pradollano por primera vez, en el que saqué el móvil para hacer una foto. Fue el primer punto en el que pensé que lo había conseguido, el primero en el que realmente dije “esto ya está hecho”. Y vaya si me equivocaba, todavía me quedaría por delante un tramo con sorpresa incluida.

Se me hicieron eternos los últimos 4km de carrera, entre otras cosas porque con el aturdimiento se me olvidó picar en un punto de control. Iba tan justo de fuerzas que ni vi el punto de control, fui directamente a comer y a seguir. Pensaba que si paraba mucho tiempo quizás no pudiese volver a arrancar. Y menuda suerte, cuando ya llevaba casi 1 km de ascenso por una colina tuve un pequeño momento de lucidez que me hizo recordar que no había picado en el punto de control. Tuve que volver a bajar la colina y andar por la carretera con la cara de pocos amigos gritándome por dentro todo lo malo que os podáis imaginar por olvidarme picar.

No puedo olvidarme de las personas que me acompañaron en los últimos kms y que veían lo jodido que iba, gracias a ellos todo fue mucho más fácil. Gracias a ellos hice la entrada al pueblo corriendo y la entrada en meta. Gracias a ellos tengo un grato recuerdo de mi final en la USN65. Gracias.

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En cuanto a la organización del evento no voy a dar muchos palos porque creo que ya les han dado suficientes en las redes. En gran parte tienen razón en lo que les dicen, no estuvo del todo bien y deberían reconocerlo. No por el recorrido, porque es lo que se espera de un ultra. Pero si del trato hacia los corredores. Es excesivo pagar 78 euros y no tener una mísera camiseta de recuerdo de la carrera. No es normal tener unos avituallamientos tan escasos, aunque jueguen con “semi autosuficiencia” del evento. No es normal.

Tampoco es normal tener que recoger los dorsales a unas horas de la carrera, una carrera que es nocturna y que no te permite dormir. Lo más normal habría sido recogerlo la mañana anterior y tener toda la tarde para dormir o descansar al menos. Algunos tuvimos la desgracia de no dormir en todo el día, no quiero imaginarme los que llegasen ese mismo día de otro punto de España.

En un ultra en el que subes prácticamente trepando con las manos no es muy normal encontrarte cosas como galletas maría y únicamente plátano (cuando había), melón y sandía. Frutos secos en algunos puestos y una imitación de isotónico del que todavía no he conseguido averiguar el sabor.  Y eso que yo tuve la suerte de poder ir con los del grupo de cabeza, no quiero imaginarme lo que se encontrarían los últimos.

Es un poco triste ver como ciertos aspectos de la organización pueden empañar el bonito recuerdo que nos llevamos de la prueba. Aunque mi opinión de la organización no sea la que ellos esperan esto no conseguirá borrar el grato recuerdo de lo vivido. Aunque también tengo que decir que mucho deben cambiar las cosas para que vuelva a repetir.

Nos vemos en las siguientes crónicas, porque ya hay más locuras rondando mi cabeza…